Hablando con unas amigas de cosas de chicas (católicas)
surgió el tema de la modestia en la mujer y de cómo con el pasar de los años,
la “liberación femenina” había logrado dejar de lado a la propia mujer. En
medio de idas y venidas un par de mis amigas no lograba captar la capital
importancia de la falda en la vida de la mujer. Obviamente si le atribuían el
protagonismo en ocasiones especiales, como en fiestas, vestidos de novia, hasta
como hábito en las religiosas, su uso
es fundamental….
Entonces, ¿por qué no las usamos? La pregunta es corta, la
respuesta larga y las excusas tontas.
“Que no me gusta”, “que no tengo”, “que
hace frío (en invierno)”, “que son incomodas”, “que el pantalón es más seguro”,
“porque hay muchos degenerados sueltos” y demás...
Si las faldas no gustan es porque no nos han educado el gusto.
Si no tenemos es por el mismo motivo.
Si sentimos frío es porque no usamos ¡medias!
Si nos resultan incómodas es porque probablemente sean demasiado cortas.
Si
sentimos que el pantalón es más seguro es porque la costumbre nos indica eso y
en relación a los “degenerados” no hay nada externo en una falda de un largo
adecuado que los atraiga, el problema allí no es de la mujer sino la patología de
ese sujeto la cual se ve exacerbada con el bombardeo sexista de la cultura
actual.
En realidad todo se centra en una sola cuestión. No nos han
educado para vestirnos como damas. Llegamos al mundo en un momento de la
historia en la cual la “revolución feminista” ha desmadrado todo. Y subvertido el
orden natural, la mujer se viste como un hombre y el hombre, bueno…. ya los deben haber
visto, cuidando el aspecto como colegialas.
Lo cierto es que la mujer no es igual al hombre, ni es
mejor, ni peor. Es diferente, compleja y llena de vida espiritual que hace que
brille al son de la gracia que Dios ha puesto y hace crecer en su alma.
La mujer no debe su centrar su vida en su aspecto, pero debe
cuidar de él. Pues con el ejemplo educa.
La madre que no es modesta no enseña
modestia a sus hijas, y estas no la aprenden y menos aún la internalizan. Por
eso pretenden vestir al estilo mundano, que tanto daño hace al pudor femenino y
masculino. Y por ese mismo motivo desconocen la riqueza que implica ser mujer y
actuar como tal.
Podrán decir, que es frívola o intrascendente la manera en
la que nos vistamos. Pero eso no es verdad, la imagen que proyectamos es
reflejo de nuestra interioridad. Las hijas de Dios destacan por su modestia y humildad,
al vestir y al actuar.
El hábito no hace al monje, pero el buen monje no deja
de usar su hábito. Y la buena mujer no deja de vestir como una dama.
Para finalizar, te
doy un par de reglas que te ayudarán a elegir una falda correcta:
- Primero, lo ideal
es que no se vean las rodillas y en caso en que eso ocurra que su largo no sea
menor a dos dedos sobre ellas.
- No deben ser ceñidas al cuerpo de manera que
llamen la atención las curvas femeninas.
- Nunca deben ser translúcidas o
decididamente transparentes.
Como veras son tres reglas simples, que solo te beneficiaran
a ti.
Si no sueles usar faldas, inténtalo. Si no tienes, de a poco
renueva tu guardarropa de manera que tengas más faldas que pantalones. Si eres
madre, que tus hijas te vean usando faldas y pónselas a ellas. Si eres una chica católica adolescente, que no te importe el que dirán convéncete de que haces lo correcto y sé fiel a Ntro. Señor.
Espero que estas ideas desordenadas hayan sido de provecho.
Espero comentarios y en breve publicaré más cositas sobre este tema.